Cómo sabes que un sujetador no está bien
No hace falta sufrir para “ir sujeta”. Esa idea está anticuada.
Un sujetador mal elegido suele dar señales claras:
El contorno se sube por la espalda.
El aro se clava en el pecho o queda encima del tejido.
La copa corta y marca doble pecho.
La copa hace arrugas o queda vacía arriba.
Los tirantes dejan marca porque soportan demasiado peso.
Te lo quitas en cuanto llegas a casa.
Un sujetador bien ajustado no debería pedirte tanta paciencia.
El contorno debe hacer gran parte del trabajo. Los aros, si los lleva, deben rodear el pecho sin invadirlo. La copa debe recoger sin aplastar. Los tirantes ayudan, pero no son el motor.
Cuando eso ocurre, se nota rápido. La ropa cae mejor. La postura se siente más natural. Y dejas de recolocarte cada veinte minutos.



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